En el Senado se discute un proyecto de ley que obligaría a jardines infantiles, salas cuna y establecimientos de larga estadía para adultos mayores (ELEAM) a contar con cámaras de grabación, que podrían utilizarse como prueba ante situaciones de maltrato o abuso. El incumplimiento contemplaría multas superiores a los 48 millones de pesos.
Es una medida que responde a una preocupación legítima: en los últimos años se han conocido múltiples testimonios de maltrato en jardines infantiles, salas cuna y residencias de adultos mayores, grupos que comparten una misma condición de vulnerabilidad ,dependen completamente del cuidado de terceros y, muchas veces, no pueden relatar lo que les ocurre.
La pregunta que vale la pena hacerse no es si las cámaras ayudan, sino qué parte del problema realmente resuelven, y qué parte dejan intacta.
Qué resuelve una cámara
Una cámara de grabación cumple, principalmente, dos funciones:
- Disuasión, en la medida en que quienes trabajan en el establecimiento saben que su conducta puede quedar registrada.
- Evidencia, permitiendo reconstruir con mayor precisión qué ocurrió una vez que ya se produjo una denuncia.
Ambas funciones son útiles. Pero las dos operan después del hecho, o en el mejor de los casos, como elemento disuasivo frente a una conducta que ya podría estar en curso. Ninguna de las dos actúa antes, en el momento en que realmente se puede evitar que una situación de riesgo llegue a ocurrir.
Lo que una cámara no ve
Hay al menos cuatro dimensiones de la prevención que ninguna cámara cubre:
- Quién es contratado. Una cámara no verifica antecedentes, no evalúa idoneidad, ni detecta patrones de comportamiento previos de una persona antes de que trabaje con niños o adultos mayores.
- Cómo se supervisa el trato cotidiano. El maltrato y el abuso no siempre ocurren frente a una cámara ni dejan una imagen evidente; muchas veces se construyen en interacciones repetidas, difíciles de captar con una sola grabación.
- Si existe un canal de denuncia confiable. De nada sirve tener registro de lo ocurrido si nadie sabe cómo, ni a quién, reportarlo, o si quien podría reportarlo ,un niño pequeño, un adulto mayor con dependencia, no tiene forma de comunicarlo.
- La cultura del establecimiento. Un equipo capacitado para reconocer señales de riesgo, con una dirección que efectivamente actúa frente a denuncias, previene más que cualquier dispositivo de grabación.
Este punto no es menor si se considera que los ELEAM, a diferencia de los jardines infantiles, cuentan hoy con una regulación específica de prevención de abuso considerablemente más débil: la fiscalización recae en las Seremi de Salud, sin un instrumento equivalente a lo que exige, por ejemplo, la Ley de Escuelas Protegidas en el ámbito educacional.
La Safety Equation® como marco de referencia
En Praesidium trabajamos con un marco de ocho operaciones ,la Safety Equation®, que ayuda a ordenar dónde debería concentrarse realmente el esfuerzo de prevención: Políticas; Evaluación y Selección; Capacitación; Monitoreo y Supervisión; Sistemas de Retroalimentación; Participación del Usuario; Respuesta; y Prácticas de la Administración.
Vistas bajo este marco, las cámaras de grabación aportan, como mucho, a una parte de la operación de Monitoreo y Supervisión. Quedan sin cubrir las otras siete. Un establecimiento que instala cámaras y considera resuelto el problema de prevención está, en el mejor de los casos, resolviendo una octava parte de lo que necesita resolver.
Tecnología como complemento, no como sustituto
Ninguno de estos argumentos es una crítica al proyecto de ley que se discute en el Senado; una cámara de grabación, bien usada, es una herramienta razonable dentro de un sistema de prevención más amplio. El riesgo real no está en la ley, sino en cómo las organizaciones la interpreten: si la instalación de cámaras se convierte en el instrumento base de una estrategia de prevención, en lugar de ser un elemento más dentro de ella, el vacío de fondo, en selección, supervisión, capacitación, canales de denuncia, seguirá exactamente dónde estaba.
La pregunta que cada jardín infantil, sala cuna o ELEAM debería hacerse no es si va a cumplir con instalar cámaras cuando la ley lo exija, sino si, además de eso, tiene realmente resueltas las otras siete operaciones que determinan si un espacio es seguro para quienes no pueden protegerse por sí mismos.
Praesidium Chile evalúa la madurez preventiva de instituciones de educación y salud bajo el marco de la Safety Equation®, considerando selección de personal, supervisión, capacitación y canales de denuncia, entre otras dimensiones.