Cuando se habla de prevención de abuso en Chile, la conversación suele quedar encerrada en el sector donde ocurrió el último caso conocido: un colegio, una residencia de adultos mayores, una federación deportiva. Se discute ese caso, se propone una medida puntual, y la conversación se cierra hasta el siguiente hecho que vuelva a instalar el tema en la agenda.
El problema de mirar así la prevención es que impide ver lo más importante: en educación, en salud y en deporte se repite exactamente el mismo patrón de vacíos. Cambia el escenario, cambian los protagonistas, pero las fallas estructurales son casi idénticas. Y mientras se sigan tratando como problemas aislados de cada sector, seguiremos llegando tarde.
El patrón que se repite
Al revisar lo que ha ocurrido este año en los tres ámbitos, aparecen los mismos cuatro vacíos, una y otra vez:
- Protocolos que existen en el papel, pero no en la práctica. La mayoría de las organizaciones tiene un documento llamado «protocolo de actuación», pero pocas lo han probado, actualizado o realmente instalado como parte de su operación diaria.
- Selección y verificación de personal insuficiente. Contratar sin poner el acento en prevenir el abuso ni sin verificar antecedentes de forma sistemática, o verificarlos solo una vez, al ingreso, sin ningún mecanismo de revisión posterior.
- Supervisión discontinua. Existen normas sobre cómo deben ser los espacios y las interacciones, pero nadie está mirando de forma sostenida si se cumplen en el día a día.
- Canales de denuncia poco claros o poco confiables. Cuando una persona quiere reportar algo, no siempre sabe a quién acudir, o no confía en que al hacerlo, habrán consecuencias reales.
Estos cuatro puntos no son una lista abstracta. Son, casi literalmente, lo que ha salido a la luz en los últimos meses en cada uno de los tres sectores.
Educación: la obligación de investigar, puesta a prueba
En septiembre de 2026, la Corte Suprema resolvió un caso que expuso algo que muchos colegios prefieren no discutir: que activar un «protocolo» no basta si, al momento de una denuncia real, la institución no cumple con investigar y resolver dentro de los plazos y garantías que exige la ley. El fallo obligó a un establecimiento a retomar una investigación que había quedado inconclusa, fijando un plazo perentorio para resolverla.
Que este estándar haya terminado fijándose por vía judicial, y no porque ya estuviera instalado en el protocolo del colegio, dice mucho sobre la distancia que todavía existe entre tener un documento y tener un sistema que efectivamente funciona cuando se necesita.
Chile ya cuenta con un marco legal robusto en este ámbito, la Ley N° 21.827, conocida como Ley de Escuelas Protegidas, y la Ley N° 21.809 con su Boletín 18.156-04, que exige a los establecimientos educacionales tener protocolos formales de prevención y actuación. El desafío ya no es normativo: es de implementación real.
Salud: adultos mayores en un vacío regulatorio mayor
Si en educación el problema es que los protocolos no siempre se cumplen, en el sector de residencias de adultos mayores el problema de base es distinto: la regulación específica sobre prevención de abuso es considerablemente más débil.
En agosto de 2026 se conoció la prohibición de funcionamiento de un establecimiento de larga estadía para adultos mayores (ELEAM), investigado por una presunta agresión sexual a una residente. El caso reabrió una discusión que ya venía dándose en el Congreso: actualmente existe un proyecto de ley que propone obligar a los ELEAM, junto con jardines infantiles y salas cuna, a contar con cámaras de grabación como medio de prueba ante situaciones de maltrato o abuso.
Es una medida que puede ayudar, pero que expone el mismo riesgo que ya se observa en otros sectores: tratar la tecnología como si fuera, por sí sola, una solución al problema de fondo. Una cámara registra lo que ya ocurrió. No reemplaza la selección cuidadosa de quién cuida a una persona mayor, ni la supervisión sostenida de cómo se la trata día a día.
Deporte: el punto ciego de las giras y concentraciones
El tercer sector donde se repite el patrón es el deporte, y ahí el vacío tiene una particularidad: puede ocurrir fuera del espacio físico habitual de la organización. Una denuncia reciente en el fútbol internacional, ocurrida tras un partido disputado fuera de Chile, puso en evidencia que los protocolos de prevención de las delegaciones deportivas rara vez contemplan lo que sucede en una gira, una concentración o un viaje: quién supervisa, cómo se distribuyen las habitaciones, a quién se puede recurrir si algo ocurre estando lejos del país.
Chile cuenta con un marco normativo específico para el deporte, la conocida como Ley N° 21.197, y el Protocolo General contra el Acoso Sexual, Abuso Sexual, Discriminación y Maltrato en el Deporte, bajo la potestad disciplinaria del Comité Nacional de Arbitraje Deportivo, adscrito al Comité Olímpico de Chile, pero ese marco fue pensado, sobre todo, para lo que ocurre dentro de la actividad deportiva formal en el país. Las giras y concentraciones internacionales quedan, con frecuencia, en una zona gris de responsabilidad y supervisión.
Un marco común para pensar la prevención
Lo que estos tres casos tienen en común es que ninguno se explica por la mala intención de una persona aislada. Se explican porque, en algún punto del sistema, faltó una operación concreta de prevención: selección, capacitación, supervisión, un canal de denuncia confiable, una política clara.
Esa es exactamente la lógica detrás de la Safety Equation®, el marco que utiliza Praesidium para evaluar la madurez preventiva de una organización, cualquiera sea su sector: Políticas; Evaluación y Selección; Capacitación; Monitoreo y Supervisión; Sistemas de Retroalimentación; Participación del Usuario; Respuesta; y Prácticas de la Administración. No es una lista de buenas intenciones: es una forma de auditar, operación por operación, dónde está realmente el vacío.
De la reacción a la prevención
Hay una diferencia importante entre una organización que cumple porque la ley o un fallo judicial la obliga, y una que ha internalizado la prevención como parte de su cultura. En Praesidium usamos el marco 3C, Conformismo, Cumplimiento, Compromiso, para distinguir justamente eso: no basta con cumplir la norma mínima (conformismo) ni con tener los documentos en regla de acuerdo a lo que la ley exige (cumplimiento), si la organización no ha llegado al punto de compromiso, donde la prevención es parte genuina de cómo se hacen las cosas, no una obligación externa.
Los tres casos revisados en este artículo, educación, salud, deporte, muestran organizaciones que, en distintos grados, todavía están en las primeras dos etapas. El paso hacia el compromiso no ocurre por decreto ni por un fallo judicial: ocurre cuando una organización decide evaluar en serio sus propias brechas, antes de que un caso la obligue a hacerlo.
Praesidium Chile es la oficina local de Praesidium Inc. (Estados Unidos, fundada en 1992), especializada en prevención de abuso y desarrollo de cultura de seguridad organizacional en instituciones de educación, deporte y salud.