Los deportes juveniles proporcionan oportunidades invaluables para que los niños y jóvenes atletas desarrollen habilidades, construyan amistades y aprendan importantes lecciones de vida sobre el trabajo en equipo, la dedicación y la competencia saludable. Con más de 45 millones de niños participando en deportes organizados solo en los Estados Unidos, la popularidad y el alcance del deporte juvenil son innegables. Sin embargo, garantizar la seguridad de los participantes es primordial. La seguridad en el deporte juvenil significa más que solo prevenir lesiones. También significa crear un entorno donde los NNA puedan disfrutar de los beneficios de la participación deportiva mientras están protegidos del abuso.

Según el Informe de la Encuesta de Cultura y Clima de SafeSport 2024, casi el 11% de los atletas indicó haber experimentado contacto sexual no deseado o comportamientos sexualmente explícitos durante su participación deportiva. Los entrenadores o entrenadores asistentes fueron los perpetradores más comunes (44%) del contacto sexual no consensuado, seguidos por otros compañeros atletas (40%), lo que destaca la necesidad crítica de medidas sólidas de protección en los programas deportivos juveniles.

Factores de riesgo significativos para el abuso en el deporte juvenil

Dinámicas de poder y confianza inherente en los entrenadores

Existe una dinámica de poder natural en la relación entre un entrenador y los atletas a quienes entrena. Los atletas a menudo depositan una enorme cantidad de confianza en sus entrenadores, confiando en su orientación, experiencia y conocimientos para mejorar y ayudarles a tener éxito. Esta dinámica natural pero riesgosa puede abrir la puerta al grooming en el deporte juvenil, permitiendo que los entrenadores exploten la confianza de los atletas a quienes entrenan.

Falta de monitoreo y supervisión

Los entrenadores a menudo desarrollan confianza no solo con los atletas, sino también con las familias y los padres de los atletas. En muchos programas deportivos, los padres o tutores regularmente dejan a sus hijos en la práctica y los recogen cuando esta termina sin quedarse a observar o supervisar. Muchas organizaciones permiten que entrenadores voluntarios supervisen las prácticas por sí mismos, sin otro personal o administración presente en el lugar. Esto crea un entorno donde el abuso es más probable al proporcionar oportunidades fáciles de acceso a los jóvenes, junto con privacidad y control.

Los entornos alrededor de eventos deportivos también proporcionan esas oportunidades de privacidad. Muchos incidentes de conductas sexuales problemáticas entre pares ocurren en baños y camarines, que frecuentemente no están monitoreados y/o están abiertos al público.

Cultura de alta presión, “ganar a cualquier costo”

Los programas deportivos juveniles pueden crear entornos de alta presión, donde los jóvenes atletas sienten el peso de las expectativas de complacer a sus entrenadores, padres o al programa mediante un buen desempeño y el éxito. Con el tiempo, los entrenadores pueden aprovechar el nivel de presión que experimentan los atletas, explotando su impulso por mejorar y ganar. Por ejemplo, un entrenador puede convencer a un atleta que quiere mejorar de practicar uno a uno fuera del horario normal de práctica, pasar tiempo juntos en viajes adicionales o comunicarse frecuentemente a través de medios no supervisados como mensajes de texto bajo el pretexto de proporcionar apoyo y orientación.

Mecanismos de denuncia inadecuados

Muchos programas deportivos juveniles tienen sistemas ineficaces para reportar abuso, o no tienen mecanismos de denuncia en absoluto. Si los métodos de reporte no existen o no están ampliamente difundidos a todos los involucrados (padres, atletas, entrenadores, etc.), puede generar subreporte y una falta de responsabilidad para aquellos a quienes se les permite cruzar límites con el tiempo.

Estrategias de protección de deportistas y creación de entornos deportivos seguros: Cómo evitar que los agresores tengan acceso, privacidad y control

Los programas deportivos juveniles presentan desafíos complejos. Un agresor adulto necesita tres cosas para llevar a cabo un incidente de abuso: acceso, privacidad y control, y el deporte juvenil puede proporcionar las tres. Pero hay buenas noticias. Su programa puede fortalecer su cultura de seguridad y proteger a los jóvenes atletas implementando políticas sólidas de protección, proporcionando capacitación integral y fomentando un entorno de apoyo y transparencia.

  1. Prácticas integrales de selección para entrenadores

Todos los entrenadores, ya sean personal o voluntarios, deben pasar por un proceso riguroso de selección antes de permitirles trabajar con atletas jóvenes. Una verificación de antecedentes por sí sola no es suficiente para descartar agresores. Muchos agresores descubiertos en espacios que trabajan con jóvenes han tenido antecedentes limpios hasta ese momento. Asegúrese de que los entrenadores completen una solicitud, entrevista y verificación de referencias para ayudar a cubrir los vacíos que existirían si solo se exigiera una verificación de antecedentes.

Sea integral en las verificaciones. Existen múltiples niveles de verificación que deben completarse para individuos con acceso frecuente o continuo a jóvenes, incluyendo el Registro Nacional de Delincuentes Sexuales y verificaciones a nivel de condado que retrocedan al menos siete años.

Si todos estos métodos suenan normales o familiares, es porque ya se consideran prácticas estándar para el personal. Dado que el rol de entrenador es mayoritariamente voluntario, a menudo las organizaciones no tienen un proceso de selección tan riguroso para estos roles.

  1. Educación y capacitación

Los entrenadores, padres o tutores y atletas deben recibir herramientas para identificar, responder y prevenir el abuso.

Los padres o tutores y los jóvenes deben recibir información clara sobre las políticas de prevención de abuso de su organización, información adecuada a la edad para los jóvenes sobre cómo protegerse e identificar conductas inapropiadas, y orientación clara sobre las opciones de reporte si tienen alguna preocupación. Esta información ayudará a los jóvenes a sentirse empoderados para hablar si ellos u otro atleta están siendo abusados, y guiará a los padres o tutores si notan o escuchan algo inseguro o fuera de los límites del comportamiento aceptable del programa.

Los entrenadores deben recibir la misma inducción y capacitación continua que otros individuos que trabajan con jóvenes deben completar, incluyendo educación sobre los tipos de abuso e identificación de señales de alerta, procedimientos de denuncia obligatoria y mejores prácticas para interactuar con atletas jóvenes. Es fundamental definir qué es y qué no es aceptable dentro del programa deportivo para que sea fácil identificar cuando alguien está rompiendo las reglas.

Los entrenadores también deben estar obligados a firmar y cumplir las políticas de seguridad establecidas en un Código de Conducta organizacional y/o manual, reconociendo las expectativas del programa relacionadas, entre otras, con lo siguiente:

– Interacciones uno a uno

– Contacto fuera del programa y clases privadas

– Interacciones físicas y verbales aceptables e inaceptables

– Entrega de regalos

– Comunicación electrónica

– Monitoreo y evaluación regular

– Lineamientos de viajes y pernoctaciones

  1. Creación de un entorno saludable de denuncia

El primer paso para crear un entorno saludable de denuncia es asegurar que su organización tenga procedimientos adecuados de reporte. Las investigaciones muestran que aproximadamente el 80% del abuso no se reporta, y fomentar la comunicación abierta resalta la importancia de crear un entorno donde atletas, sus familias, su personal y voluntarios se sientan cómodos hablando sobre sus preocupaciones.

Es importante dejar por escrito quién es la persona o personas responsables de recibir los reportes, así como cuál es el procedimiento de reporte y qué información es importante reportar de inmediato.

Establezca mecanismos claros y confidenciales para que atletas y padres puedan reportar cualquier preocupación y asegúrese de que todos los reportes sean tomados en serio e investigados de manera oportuna.

Finalmente, los métodos de reporte deben ser difundidos. Esto puede hacerse de diversas maneras, como colocar señalética en los espacios utilizados, informar a los jóvenes al inicio de las prácticas, enviar correos a los padres, entre otros.

Conclusión

Desarrollar una cultura de seguridad dentro de sus programas deportivos solo ocurrirá con un liderazgo fuerte. Crear un entorno seguro requiere un enfoque proactivo y un compromiso con la transparencia, la educación y la vigilancia. Sin embargo, invertir el esfuerzo necesario para fomentar espacios seguros que trabajan con jóvenes asegura que atletas, entrenadores y padres tengan la mejor experiencia posible en su programa.

Praesidium puede ayudarle a tomar acción. Contáctenos aquí para apoyo en la creación de políticas, evaluación de riesgos, orientación para la implementación o recursos adicionales.