Una política de acoso sexual en las organizaciones se centra en prevenir y responder al acoso sexual y la discriminación entre colaboradores, es decir en adultos. Una política de prevención de abuso sexual se enfoca en mantener prácticas sólidas para mantener protegidos a niños, niñas, adolescentes y personas vulnerables que la organización atiende. Garantizar normas sólidas en ambos casos mantiene a toda su comunidad seguridad.

El acoso sexual es un tipo de acoso basado en el sexo y se produce cuando una persona, sin importar su orientación sexual, realiza en forma indebida, por cualquier medio, requerimientos de carácter sexual hacia un colaborador o voluntario mayor de edad. El acoso puede incluir avances sexuales indeseados, solicitudes de favores sexuales y otro tipo de agresiones verbales o físicas de naturaleza sexual. Las políticas de acoso sexual de las organizaciones prohíben el acoso y la discriminación, pero en general no incluyen medidas preventivas ni brindan orientación para manejar estas situaciones. Por ejemplo, muchas políticas tienen una declaración de tolerancia cero, pero no definen los comportamientos apropiados e inapropiados para el lugar de trabajo.

Para avanzar de manera efectiva hacia la prevención, más allá del cumplimiento de los estándares legales básicos, las organizaciones deben empoderar a los colaboradores para que intervengan cuando se enfrenten a incidentes de acoso, incluso si no son ellos las víctimas. De igual forma, las entidades deben diseñar políticas y capacitar respecto de actitudes o acciones que son consideradas acoso. Esto debe hacerse de manera “preventiva”, es decir  idealmente desde sus inicios, para que el incidente nunca llegue al acoso sexual, definido legalmente como: «Los requerimientos de carácter sexual que un hombre o una mujer realizan  a otra persona, sin su consentimiento, y que amenazan  o perjudican su situación laboral u oportunidades en el empleo» (Ley N° 20.005).

Los acosadores suelen seguir patrones similares a los abusadores de niños, a través de acciones de “grooming”, es decir de manipulación, comienzan con comportamientos paulatinos de traspaso de límites y señales de advertencia y continúan escalando hasta que se les llame la atención o advierta respecto de dichas conductas. Este tipo de patrones o modelos son los que hacen que sea fundamental contar con políticas adecuadas y específicas respecto de lo que está o no permitido en el ámbito de las interacciones personales en los lugares de trabajo.

Trabajar en prevención evita gastos en recursos valiosos para las organizaciones y tiene un impacto positivo en el clima laboral. Los estudios muestran que las organizaciones que brindan un lugar de trabajo libre de acoso y discriminación tienden a tener menos rotación y mayor rendimiento y productividad por parte de sus colaboradores.

Una política sólida de prevención debe definir claramente cuáles acciones son apropiadas o inapropiadas. Praesidium proporciona políticas que profundizan en tipos específicos de interacciones y brindan orientación y mejores prácticas para numerosas situaciones. También se incluyen instrucciones para responder a conductas sospechosas o inapropiadas, vulneraciones de políticas, sospechas de abuso o actividad sexual. Estas políticas detalladas son una excelente herramienta para prevenir el abuso, aunque hay que recordar que las políticas por sí solas no garantizan que no ocurran incidentes.

Más de 30 años de experiencia trabajando con diversas organizaciones, han permitido a Praesidium aprender que la prevención efectiva es mucho más compleja que desarrollar una declaración de tolerancia cero al abuso o redactar un manual de políticas exhaustivo. La gestión de riesgo de abuso, al igual que el acoso sexual, requiere un enfoque basado en sistemas. Además de establecer políticas sobre interacciones apropiadas e inapropiadas, la organización debe definir de manera clara y conocida, las consecuencias cuando se vulneren esas políticas. Durante el proceso de selección de personal, se deben hacer preguntas que investiguen el historial del postulante y el riesgo de abuso o acoso. Asimismo, se debe incluir capacitación continua, no solo para los nuevos colaboradores sino para todos los miembros de la organización, refrescando este conocimiento al menos una vez al año.

Las políticas de prevención deben también proporcionar métodos sobre cómo informar y responder a las inquietudes, de modo que cuando surja algún incidente sea fácil denunciar y encontrar información de ayuda; una vez que se reciba una denuncia, el protocolo de respuesta debe indicar claramente tiempos de respuesta y asegurarse de cumplirlos. Si no se responde, es posible se pierda la confianza en la organización y se deteriore el clima interno, lo que debilita la prevención del acoso y puede conducir a más incidentes.

Los esfuerzos de prevención exitosos requieren un compromiso significativo de tiempo y recursos, pero vale la pena. Praesidium sabe que este trabajo puede parecer largo y tedioso, pero las herramientas, recursos y asesoría que entrega son imprescindibles para una organización que se toma con seriedad la prevención del acoso.